De una tienda de discos en la Ciudad de México a los encuentros que marcaron a generaciones de ravers. Arturo Maia recuerda los primeros años de Time and Space y el regreso de un festival que celebrará su cuarto de siglo en diciembre de 2026.
Hay fiestas que comienzan mucho antes de que se encienda el primer equipo de sonido. Empiezan cuando alguien descubre un disco, cuando un grupo de amigos se reúne para compartir música que casi nadie conoce o cuando una conversación termina convirtiéndose en una idea que parece demasiado grande para su época.
Así comenzó la historia de Time and Space. A finales de los noventa, cuando conseguir música de Goa y psychedelic trance en México requería contactos, viajes y una buena dosis de curiosidad, una comunidad comenzó a formarse alrededor de aquellos sonidos. La tienda de discos, el intercambio de música y las reuniones entre amigos fueron construyendo el terreno del que surgiría uno de los proyectos que marcaron la historia temprana del psytrance en el país. Oye Digital documenta estos antecedentes en su retrospectiva sobre el festival.
En entrevista con Lemilica Magazine, Arturo Maia, fundador del proyecto, recuerda que el nombre surgió de una relación cercana con TIP Records y Paul Taylor, a partir de una compilación que terminaría inspirando el primer festival.
2001: cuando el viaje comenzó
El 15 de diciembre de 2001, Time and Space celebró su primera edición. Bajo la presencia imponente de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, miles de personas se reunieron para una jornada que ayudaría a definir las posibilidades de la música psicodélica en México.
El cartel incluyó nombres como GMS, Alien Project, Soundaholics y Vatos Locos, junto con artistas nacionales como D-Tek, Dr. Panic y el propio Arturo Maia. La plataforma internacional Resident Advisor conserva el registro de aquella fecha y la describe como el primer festival mexicano de psytrance de 24 horas.
Para Maia, la esencia del proyecto siempre estuvo ligada a la búsqueda de lugares especiales.
«La onda siempre era música y lugares mágicos, al principio. Nosotros agarrábamos nuestros CDJ y unas bocinitas, y nos íbamos a lo recóndito. A veces éramos 10, 15, 20, 30 personas y lo único que queríamos era escuchar esta música que a todos nos encanta».
La elección de una locación tenía su propio ritual. Durante los recorridos de reconocimiento, cuenta, a veces bastaba con llegar a un sitio y cruzar una mirada entre los organizadores para saber que habían encontrado el lugar indicado. La música, el paisaje y la comunidad debían coincidir para que la experiencia adquiriera sentido.
Con el paso de las ediciones, Time and Space fue ampliando su propuesta. El arte visionario, las intervenciones escénicas, las estructuras decorativas y los performances comenzaron a formar parte de una experiencia que involucraba tanto al oído como a la mirada. Aquellos recursos, hoy familiares en numerosos festivales, contribuyeron a ampliar el lenguaje visual de las fiestas psicodélicas en México.
De la tienda de discos a una escena internacional
Time and Space formó parte de un ecosistema que conectaba la distribución musical, los sellos discográficos y la organización de eventos. Maia Records fue durante años un punto de encuentro para quienes buscaban novedades de una escena electrónica que todavía circulaba mediante discos importados, recomendaciones personales y redes de aficionados.
La tienda física, ubicada en la colonia Condesa de la Ciudad de México, permitía escuchar, descubrir y compartir música en una época en la que el acceso a estos géneros era mucho más limitado que ahora. El proyecto contribuyó a establecer conexiones entre artistas internacionales, productores locales y una comunidad que comenzaba a crecer alrededor de la música electrónica underground.
Las distintas ediciones de Time and Space reflejaron también los cambios de la escena. Por sus escenarios pasaron proyectos como Juno Reactor, Shpongle, Son Kite, Minilogue, Astrix, Infected Mushroom, GMS, Etnica y X-Dream, además de exponentes de otros territorios de la música electrónica.
El festival fue construyendo una identidad capaz de dialogar con las transformaciones musicales de cada época. Para quienes participaron en sus primeras ediciones, su historia está vinculada a una etapa en la que cada nuevo encuentro ampliaba las posibilidades de una comunidad que todavía estaba definiendo su propio lenguaje.
21 de diciembre de 2012: una fecha que quedó en la memoria
Entre los episodios que permanecen en la memoria de la escena está el encuentro realizado el 21 de diciembre de 2012 en Tulum, Quintana Roo. La fecha, asociada popularmente con las interpretaciones sobre el calendario maya y el supuesto fin de un ciclo, ofrecía un contexto cargado de simbolismo para una celebración musical.
Para Arturo Maia, la posibilidad de volver a organizar un encuentro de esta naturaleza fue apareciendo de manera gradual. En su relato, los festivales de Time and Space nunca han respondido a una periodicidad estricta, sino a la coincidencia de circunstancias, personas y oportunidades.
«Por eso no hay un Time and Space cada año. Hemos tratado de fluir; casi siempre son una serie de elementos que de repente nos ponen en el camino, y nosotros fluimos».
Esa manera de entender el proyecto explica, al menos en parte, los intervalos entre sus ediciones. La historia de Time and Space se ha construido a través de momentos específicos, cada uno relacionado con el contexto y las posibilidades de su tiempo.
El regreso: 25 años en órbita
La idea de celebrar el aniversario comenzó a tomar forma a partir de encuentros inesperados. Maia recuerda que, durante una estancia en las costas de Nayarit, un joven lo reconoció y lo invitó a una pequeña fiesta en la playa. La sencillez de aquella reunión le recordó los primeros años del proyecto.
Después llegaron nuevas invitaciones, conversaciones y propuestas hasta que la posibilidad de celebrar los 25 años se convirtió en un proyecto concreto.
«Me gustó todo este rollo», recuerda sobre aquella invitación. El encuentro despertó la memoria de los comienzos y abrió la puerta a una nueva edición.
Time and Space XXV se celebrará del 5 al 7 de diciembre de 2026 en Hacienda La Luna, Tetecala, Morelos. La organización anuncia dos escenarios, The Void y The Nebula, más de 50 artistas y alrededor de 50 horas de música underground.
El cartel propone un encuentro entre diferentes generaciones y vertientes de la electrónica. The Nebula concentrará una parte importante de la programación psicodélica, con proyectos como Shpongle, Younger Brother, Hallucinogen, Pleiadians, Etnica, X-Dream y Eat Static. The Void reunirá propuestas vinculadas al progressive y al techno, entre ellas Guy J, Victor Ruiz b2b Alex Stein, Oliver Huntemann y Secret Cinema. Consulta el cartel completo.
Uno de los elementos visuales centrales será la intervención de Mimesis, proyecto de arte psicodélico originario de Barcelona, que participará en el desarrollo escénico y audiovisual de The Nebula. La propuesta busca integrar estructuras, iluminación y recursos visuales al espacio donde sucederá la música.
La presencia de Shpongle, proyecto asociado con Simon Posford, constituye otro de los atractivos principales del encuentro. Su trayectoria, junto con la de proyectos como Hallucinogen y Younger Brother, forma parte de la historia internacional de la música electrónica psicodélica que el festival busca reunir en Morelos.
Una historia que sigue en movimiento
Veinticinco años después de aquella primera edición, Time and Space vuelve a convocar a una comunidad que ha cambiado junto con la música. Quienes estuvieron en los primeros encuentros podrán regresar con sus recuerdos; quienes llegaron después tendrán la oportunidad de acercarse a una parte de la historia que contribuyó a dar forma a la escena mexicana.
El aniversario también abre una pregunta sobre el futuro de los festivales independientes: cómo conservar la memoria de sus comunidades, renovar sus propuestas artísticas y mantener espacios para el encuentro en una cultura musical que se transforma constantemente.
Para Arturo Maia, la historia de Time and Space nunca ha dependido de un calendario fijo. Ha surgido de la música compartida, las amistades y la aparición de circunstancias que permiten reunir nuevamente a la gente.
Del 5 al 7 de diciembre, Hacienda La Luna será el escenario de ese reencuentro. La celebración de los 25 años no sólo recuperará el nombre de una fiesta histórica; reunirá a distintas generaciones alrededor de los sonidos que han acompañado la evolución del psytrance y la electrónica underground en México.
La órbita continúa.

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